ESTATUS SOCIOECONÓMICO SUBJETIVO

20 mayo, 2011

Las personas con el estatus socioeconómico más bajo tienen peor salud que el resto.

No es necesario ser un eminente neurocientífico como Robert Sapolsky (¿Por qué las cebras no tienen úlcera?) para llegar a esta conclusión.  A uno se le ocurre atribuirlo a que las personas que ocupan dicho escalafón social tienen tendencia a fumar, beber, no hacer ejercicio y comer mal. Y puede ser. Pero Sapolsky nos advierte que una persona de una familia que goza de un estatus social alto desde hace generaciones y que lleve el hábito de  vida antes descrito, tiene menos posibilidades de padecer las enfermedades que le son propias en comparación con una persona de estatus socioeconómico bajo.

¿Y porqué pasa esto? Por el estrés que se deriva de la percepción negativa que tienen los individuos de cómo les van las cosas. Es decir, del estatus socioeconómico subjetivo. En palabras del propio Sapolsky, “no se trata tanto de ser pobre como de sentirse pobre”. De aquí podemos deducir que este sentimiento será más acusado entre los pobres de los países ricos. Y es que las comparaciones son odiosas. Si uno es pobre en medio de un contexto de pobreza, la sensación de frustración no será igual que si se es pobre en medio de un contexto de riqueza. “Elemental mi querido Watson”. Así pues, Sapolsky concluye que la injusticia social que propicia el reparto desigual de la riqueza es la causante de la mala salud de los pobres. Puesto que los individuos se sienten pobremente tratados por la sociedad

La cosa no acaba aquí. Resulta que ese sentimiento repercute en el organismo de tal manera que la persona afectada seguirá teniendo las mismas posibilidades de desarrollar cierto tipo de enfermedades como la diabetes aunque con los años tuviera tanto dinero como Bill Gates. Por si fuera poco, se ha demostrado que dos generaciones después de que una familia consiga salir de la bolsa de la pobreza, se mantienen actitudes, inseguridades y ansiedades propias de aquellas personas que padecen un sentimiento de desprotección. La pobreza deja su huella psicofísica durante mucho tiempo.

Ahora que estamos en medio de una crisis financiera sin precedentes en la que ha quedado patente que el poder político no tiene capacidad para defender los derechos de la mayoría, ahora que sabemos que los pocos miles de seres humanos que se han enriquecido a costa del bienestar de miles de millones, no solo no serán juzgados  sino que siguen en el poder,  tengo la intuición que a nosotros, a la mayoría, nos queda ser más tenaces en la práctica de hábitos saludables que fortalezcan nuestra salud mental. De buscar en nuestro interior el equilibrio que no proporciona el exterior y disfrutar del proceso de búsqueda con alegre dignidad. Sin dejar por ello de ejercer y reivindicar de manera activa nuestros derechos y obligaciones como ciudadanos y asumiendo la máxima moral de que si algún día llegamos a tener poder, dinero, etc, tenemos una responsabilidad para con el resto de la sociedad.

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