LA VOZ Y EL ESTADO DE ÁNIMO

1 julio, 2011

 

 

Puede que la cara sea el espejo del alma, pero lo que es seguro es que la voz delata nuestro estado de ánimo.

Recuerdo una ocasión en que estaba ensayando la escena de una obra de teatro, a pocos días de su estreno. La escena estaba bien pero le faltaba el dinamismo necesario para que, en ningún momento, pensaras en cuánto hacía que duraba. No tenía la energía suficiente como para atrapar al espectador de manera que lo único que ocupara su pensamiento fuera: “¿qué es lo que va a suceder?” Fue entonces cuando decidí que la primera frase de la escena fuera dicha con un tono más vivo. En este caso, en vez de preguntar: “¿Qué se siente al estar arriba del todo?” desde la frustración, se pasó a preguntar desde la curiosidad o la admiración.

El cambio en esta primera frase produjo una reacción en cadena que llevó a conseguir el dinamismo que buscaba. La escena se llenó de vida, de “verdad”. Cada frase dicha, cada gesto, cada movimiento estaban sustentados por una emoción vivida en presente a través del cuerpo. El texto era el mismo, pero el resultado muy diferente. Lo más importante fue comprobar cómo las actrices se alimentaban la una de la otra en su interacción; haciendo crecer a sus personajes y la relación entre ellos a un nivel hasta ese momento no alcanzado.

Con el resto de las escenas hice lo mismo y el conjunto creció.

Este suceso me hizo reflexionar sobre diferentes aspectos. Uno de ellos fue, cómo la voz puede determinar la recuperación de nuestro estado de ánimo. Ser conscientes de ello, nos da la posibilidad de usar una herramienta natural para darnos estímulo a nosotros mismos, estimular a los demás y generar una retroalimentación positiva. Es una herramienta natural que está a nuestro alcance siempre y cuando decidamos utilizarla. No permitiendo el dejarnos arrastrar por la apatía, la frustración o el sentimiento contraproducente que queramos añadir.

Según cómo entonemos, nuestra voz saldrá con una vibración que nos hará sentir una cosa u otra. Esto generará un sentimiento, un estado de ánimo, que a su vez repercutirá en la consolidación de esa entonación… y produzca un cambio en nuestro pensamiento y con él, la perspectiva de la realidad que nos rodea… ¿Exagero? ¿Y si lo prueba? ¡Ánimos, es cuestión de fisiología y práctica; no de un don divino!

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