EL ENEMIGO INTERIOR

31 octubre, 2011

 

En nuestra interrelación con los demás, existe un riesgo proveniente de nuestro propio interior capaz de hacernos sufrir sin necesidad alguna. Se trata de una especie de espejismo quijotesco consistente en ver lo que no hay. De pensar qué deben estar pensando los demás de lo que estoy haciendo o diciendo. Y llegar a una conclusión errónea a la que se le adjudica el rango de certeza.

Me ha pasado estar hablando ante un grupo de personas, compartiendo una serie de conocimientos  y leer en sus caras que se estaban aburriendo. Esa lectura ha hecho poner mi organismo en un estado de alerta tal, que mi cerebro ha empezado a crear pensamientos castigadores hacia mi manera de comunicar, por un lado, mientras intentaba corregir la situación encontrando una alternativa metodológica, por otro… Haciendo que me desconcentrara por un momento y casi arruinara mi exposición. La sorpresa viene cuando a posteriori comentas el mal trago experimentado y ese grupo de personas afirma honestamente que la exposición les ha resultado clara y amena y lo mejor de todo: ¡han seguido la explicación concentrados por el interés que les había despertado! Y es aquí cuando uno se pregunta: “¿por qué me he permitido sufrir ese mal trago?, ¿no hubiera sido mejor preguntar en ese momento si se entendía lo que estaba explicando?”. Interpreté sus caras de concentración como caras de “educado aburrimiento”. Efectué una lectura errónea. Y empecé a imaginar gigantes donde no los había. Mi propio pensamiento casi me dejó fuera de juego.

Creer saber lo que piensan los demás en un momento determinado es una apuesta arriesgada. Si uno no tiene o no promueve la oportunidad de contrastar su perspectiva con la persona o personas afectadas no podrá verificarla y, por lo tanto, construirá una realidad incompleta o simplemente falsa. Habrá construido un pensamiento con el poder de marcar una relación e  o de crearse un “trauma” sin que exista motivo para que así sea.

También existe la posibilidad de leer a favor de uno y pensar, por ejemplo, que alguien se muestra muy interesado por lo que decimos porque nos mira fijamente sin casi pestañear… cuando en realidad no está entendiendo nada o no se atreve a decirnos que necesita ir al lavabo.

Sea la situación que sea, mejor es obtener información de nuestro interlocutor preguntándole directamente y así contrastar con lo que nosotros pensamos. Nos evitaremos crear espejismos.

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Una respuesta to “EL ENEMIGO INTERIOR”

  1. Sita indi said

    Eso quiere decir no juzgar nunca por anticipado….
    en català diem: ” el pensar fa burro “

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