EL PODER DE UNA SONRISA

21 noviembre, 2011

 

No sé ustedes pero yo he dejado de ir a establecimientos a causa de la falta de una sonrisa amable por parte de los encargad@s o emplead@s. Algunos de ell@s no solo no sonreían sino que incluso ni me miraban a la cara. Tal y como se lo cuento.

A raíz de esto me ha dado por pensar en la cantidad de dinero que alguien puede llegar a gastarse en promocionar su negocio o el esfuerzo que puede llegar a poner en formarse, etc… ¡para posteriormente inutilizar dicha inversión por algo tan simple como la falta de una sonrisa.

¿Cómo puede ser que un signo de la amabilidad reflejado en el rostro determine la supervivencia o el éxito de alguien o algo? Algo tendrá que ver nuestra capacidad de empatizar gracias a nuestras neuronas espejo. A nivel neurocientífico podemos argumentar que cuando nos encontramos con alguien, nuestra parte de mente más primitiva se pregunta si ese alguien nos va a comer o no. Así que si alguien se acerca a nosotros y nos sonríe, esa mente primitiva nos informa con un: “no hay peligro”. Y nos relajamos. Nos predispone a confiar. A partir de aquí, a ese alguien le queda el ganarse nuestra confianza con un servicio entregado, fundamentado en el conocimiento sobre aquello que ofrece y la honestidad. Entre otras cosas. Pero nuestra predisposición la tiene. Y por propia experiencia sé que entre dos personas igual de capacitadas y eficientes escojo la que sonríe. El que alguien tenga la capacidad de hacerme sentir bien es un valor añadido que me fideliza.

Una sonrisa en el rostro de una persona que nos atiende la traducimos por un “le importo”. Y no solo eso sino que se nos antoja como realmente capacitada para desarrollar la función que está desempeñando. Y puede que incluso en nuestro inconsciente la asocie con una buena salud mental.

Sonreír y ser amable es una actitud que reporta beneficios en muchos aspectos.  ¡Imagínense una sociedad en la que la sonrisa fuera uno de las características de la interrelación entre sus individuos! Se establecería una sinergia que ayudaría a facilitar el día a día de los individuos sobremanera. Los unos se estimularían a los otros de manera saludable y creativa. Se establecería una belleza en el trato que repercutiría en el desarrollo de otras facetas humanas que a su vez repercutiría en el bienestar de la sociedad.

¿Estoy alucinando? Puede. Pero, ¿y si nos proponemos sonreír durante un día entero y me cuentan como les ha ido? ¡Ánimos!

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