POTENCIAR CAPACIDADES

5 diciembre, 2011

 

 

 

Robert Rosenthal, catedrático de psicología de Harvard llevó a cabo un interesante experimento en el ámbito educativo décadas atrás. Dicho experimento pretendía comprobar hasta qué punto las expectativas que los maestros tienen sobre el rendimiento de sus alumnos acaba determinando dicho rendimiento.

Partiendo de esta premisa, Rosenthal, efectuó un test de inteligencia a los alumnos de una clase de primaria. A la profesora le dijo que había una serie de alumnos de su clase que eran especialmente inteligentes. Le dijo sus nombres y apellidos. El factor a tener en cuenta es que no era cierto. Del resto de alumnos le dijo la verdad de los resultados obtenidos. Al finalizar el curso, Rosenthal, pudo constatar que los alumnos que él aleatoriamente había etiquetado como muy inteligentes habían obtenido unos resultados académicos por encima de la media de la clase.

¿Qué había ocurrido? Seguro que ustedes lo han intuido. Pues que la profesora en cuestión los había estimulado más que al resto de sus alumnos. Y lo más interesante de la cuestión es que lo había hecho sin darse cuenta en la mayoría de los casos. Ella tenía una expectativa sobre esos alumnos y por lo tanto invertía más tiempo en ellos, les preguntaba más sobre las distintas materias y empleaba distintos recursos pedagógicos hasta obtener lo que se suponía cabía esperar de ellos.

A parte de eso, su actitud repercutía positivamente en la percepción que esos alumnos tenían de sí mismos. Se sentían valorados. Su esfuerzo se veía recompensado por una sonrisa, una frase amable y eso reforzaba, a su vez,  la idea que valía la pena esforzarse. La autoconfianza de esos alumnos iba creciendo y se consolidaba una dinámica enriquecedora para todas las partes implicadas.

Creo que experimentos como éste son un toque de atención o una llamada a la responsabilidad por parte de cada uno de nosotros en relación con la potenciación de las capacidades de nuestros hijos, amigos, alumnos, empleados, compañeros de trabajo… A lo largo del día surgen oportunidades de ejercer una influencia beneficiosa en los demás. De ofrecer un apoyo moral con una valoración justa, unas palabras de ánimo, una escucha activa… De ejercer de modelo con nuestra propia actitud…

Estar atentos a la potenciación de las capacidades de los demás es una buena manera de contribuir positivamente en el bienestar de los individuos, incluidos nosotros mismos, y de la sociedad.

 

 

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