COMPETENCIA EN COMUNICACIÓN

16 enero, 2012

Ser competentes a la hora de comunicarnos nos garantiza el poder desenvolvernos eficazmente en los diversos contextos en los que interactuamos. Tener la capacidad de saber expresar pensamientos e ideas en un discurso articulado y saber hacerlo entendible a aquella o aquellas personas que nos están escuchando o nos leen es una fuente de satisfacción personal y algo poderoso.

Materializar un discurso articulado es un proceso de creación. Como todo proceso tiene una serie de etapas. Según lo que trate y según a quién vaya dirigido el discurso, este proceso será más o menos costoso. De lo que no cabe duda es que el resultado será mucho más efectivo que si confiamos en ser inspirados por las musas.

En la génesis de todo discurso está el tener algo qué decir. Es fundamental, porque como afirma la sabiduría popular: “hablar pa ná es tonteria”. Tener algo qué decir es fruto de la intuición y la reflexión a partir de una vivencia.

Algo capta nuestra atención y nuestra mente se pone en funcionamiento. Si queremos verbalizar o materializar lo que tenemos dentro de la mente y transmitirlo a otras personas, nos será útil plasmarlo en un papel. Ayuda a  clarificarnos. ¿Qué anotaremos en este papel?:

a)     qué es lo que queremos decir y a quién. (Quiero decir a mi pareja que necesita hacer ejercicio físico.) También podemos escribir qué es lo que queremos conseguir de alguien; (que mi pareja haga dos horas de ejercicio semanales como mínimo; por ejemplo.)

b)    La idea o ideas más importantes que quiero transmitir. (El ejercicio físico previene la enfermedad, el ejercicio físico ayuda a envejecer dignamente…)

c)     Los distintos argumentos (médicos, psicológicos, estéticos…) que apoyan las ideas que queremos transmitir.

d)    Las réplicas a posibles contra argumentos con los que la otra persona nos pueda contestar.

e)     Propuestas para que las ideas que defendemos puedan llevarse a cabo. (Proponerle un horario a nuestra pareja para hacer ejercicio, ir juntos a andar el fin de semana…)

Estos no son los únicos puntos que podemos desarrollar, el grado de complejidad lo establece cada uno como crea oportuno. Seguro que  cuanto más tiempo le dediquemos más fino hilaremos. Todo ello nos ayudará a no desviarnos y no permitir que nos desvíen de nuestro discurso, de aquello que queremos decir. Por lo tanto nos ofrecerá más garantías de conseguir nuestro objetivo.

Una vez tenemos esto, hay que tener presente a quién se lo vamos a decir. Esto nos ayudará a encontrar la mejor forma de ir introduciendo lo antes desarrollado. De lo que se trata es que la persona a la que nos dirigimos le quede claro aquello qué queremos decirle. Así pues, adaptaremos el nivel de nuestro lenguaje, de nuestros ejemplos y tendremos una actitud u otra según convenga.

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