DEL “NO” AL “SÍ PUEDO”

20 febrero, 2012

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Una de las participantes de uno de los grupos de teatro que he tenido el placer de dinamizar me dijo, tras el estreno de la obra, que si le llegan a decir poco tiempo atrás que sería capaz de estar en un escenario actuando ante centenares de personas se hubiera reído ante semejante disparate. A lo que añadió: “¡Ahora resulta que no solo lo he hecho sino que además me he divertido!”.

¿Qué ocurrió por el camino? ¿Cómo fue posible que una idea a priori disparatada se hiciera realidad? ¿Cómo la realidad pudo superar la idea? Muchas son las causas que influyeron en este caso. Entre ellas está la  automotivación de esta persona para afrontar los retos que se le planteaban en cada una de las sesiones del taller. Utilizaba todos los recursos a su alcance para no quedarse instalada en un sentimiento tan limitante como es el miedo. Miedo al fracaso, miedo a hacer el ridículo, a ser juzgada por los demás… Así que respiraba hondo para mitigar la posible ansiedad que sus pensamientos le pudieran generar y se concentraba única y exclusivamente en hacer lo que tenía que hacer en ese momento. Jugar a fondo.

De esta manera se fue dando cuenta que era capaz, paso a paso, de exponerse a la mirada de los demás. Poco a poco fue consolidando el hábito de  apoyarse en su imaginación para permanecer concentraba mientras jugaba las escenas. Fue tomando consciencia que la gratificación que le causaba el hecho de conseguir el objetivo de estar concentrada en la vivencia del “aquí y ahora”, sin miedo, era mucho mayor que abstenerse de intentarlo. Fue substituyendo un pensamiento limitante del “no puedo” por la experiencia práctica del “sí puedo”.

Además no permitió que la imagen del día del estreno ante centenares de personas la paralizara. Antes de llegar a ese día tenían que transcurrir muchos otros de previo ensayo en los que haría todo lo posible para concentrarse al máximo y desarrollar todo su potencial. Y esa estrategia fue lo que le fue dando seguridad en sí misma. Y fue esa estrategia la que le permitió no solo mostrarse ante la mirada de centenares de personas sino además disfrutar del “aquí y ahora” de la escena.

Si no hubiera decidido utilizar durante el proceso todos sus recursos a su alcance en la consecución de pequeños objetivos, no hubiera podido llegar al gran objetivo de actuar en una obra de teatro. Y se hubiera quedado con la errónea opinión de sí misma de que era incapaz de hacerlo y mucho menos de disfrutar de la experiencia.

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