CÓMO AGRADAR A LOS DEMÁS CON NUESTRA MANERA DE RELACIONARNOS

2 julio, 2012

Dale Carnegie fue un estadounidense interesado por las relaciones humanas. Se graduó como maestro de escuela aunque su actividad laboral se centró en el mundo de las ventas donde consiguió grandes objetivos para la empresa para la que trabajó. Al inicio de la década de los años diez del siglo pasado, impartió cursos de oratoria para ayudar a la gente a expresarse mejor; con mayor efectividad y soltura. Fue entonces cuando se dio cuenta  que una gran cantidad de personas estaba necesitada de aprender el arte de tratar con los demás, de tratar con gente tanto en el ámbito de los negocios como en el ámbito de las relaciones sociales.

En su libro Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, un libro que les recomiendo por su claridad y su dosis de sentido común proveniente de la experiencia, ofrece una lista de puntos cuyo objetivo es el de agradar a los demás. La lista es la siguiente:

– Interésese sinceramente por los demás.

– Sonría.

– Recuerde que para toda persona, su nombre es el sonido más dulce e importante en cualquier idioma.

– Sea un buen oyente. Anime a los demás a que hablen de sí mismos.

– Hable siempre de lo que interese a los demás.

– Haga que la otra persona se sienta importante y hágalo sinceramente.

Estas recomendaciones están encaminadas a facilitar puentes de comunicación en una interrelación personal. A establecer  una relación que sea beneficiosa para ambos interlocutores. A sacar lo mejor de la otra persona al mismo tiempo que sacamos lo mejor de nosotros mismos.

Algunas de ellas nos pueden parecer maquiavélicas porque las podemos asociar con la adulación hacia los demás para conseguir nuestros propósitos. Al respecto, el señor Carnegie, recuerda que estas recomendaciones deben ser llevadas a la práctica desde una intención sincera. De lo que se trata no es de adular a los demás sino de crear las condiciones para que el otro se sienta relajado y estimulado con nuestro trato. Y, esto es fundamental, de hacer el esfuerzo de ponerse en el lugar del otro. De ser capaces de interpretar las cosas desde la perspectiva del otro al mismo tiempo que las interpretamos desde el nuestro. Y para ello necesitamos obtener información de lo que realmente le importa a nuestro interlocutor, de lo que piensa y siente realmente.

Lo que sí es cierto, es que estas recomendaciones están fundamentadas en un conocimiento profundo del comportamiento humano que entre otras verdades está el que para cada uno de nosotros no hay nadie más importante que nosotros mismos y que todo ser humano alberga una necesidad de reconocimiento.

Estoy convencido que ustedes distinguen un alago sincero de una adulación interesada y que no reaccionan igual.

Hay motivos sinceros para sonreír a los demás, escucharles y hacerlos sentir importantes. ¡Hagámoslo y propiciemos una buena comunicación!

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