OBJETIVO Y PASIÓN… Y QUE DIGAN LO QUE QUIERAN

9 julio, 2012

El pasado miércoles leí una entrevista en la sección La Contra del periódico La Vanguardia que me encantó. La entrevistada era Ada E. Yonath premio Nobel de Química 2009 y afirmaba que: “Si un reto vale la pena, solo que lo intentes ya te hace mejor”

Resulta que treinta años atrás se propuso el objetivo de descubrir cómo funcionaba el ribosoma de la célula; que parece ser es capaz de leer el código genético para transformarlo en partes de un ser vivo  y que al ser atacado por microorganismos es cuando enfermamos. Bien. Se ve que el objetivo era tan ambicioso, de tal dificultad que cuando expresaba su intención, las reacciones que obtenía más o menos venían a ser las siguientes: “¡Pero dónde vas tú alma cándida!, “¡Menudo golpe has tenido que darte en la cabeza!, ¿desde cuándo fumas hierba?…”

Lo que me encanta de esta historia es que cuando un colega del Instituto Max Planck de Berlín le leyó a la señora Yonath una larga lista de científicos ilustres que lo habían intentado antes que ella sin éxito, le contestó: “Oye: estos tipos fracasados son los mejores, yo quiero estar en esa lista”. ¡Eso es automotivación!

A lo largo de los años de investigación un pensamiento guió su voluntad. Si se acercaba, aunque fuera un poco, a la resolución del enigma, el esfuerzo de todo su equipo habría valido la pena.

Casos como los de la señora Yonath son muy reveladores e inspiradores. Me pregunto cuánta gente que podía haber hecho un gran aporte a la humanidad no lo hizo a causa de la desmotivación sufrida por la opinión y actitud de los demás. Me lleva a reflexionar acerca de las veces que he podido dejar de hacer algo o que no he desarrollado como hubiese podido hacerlo a causa de la desmotivación ajena… Me doy cuenta que además de tener un objetivo, hay que ser conscientes de que no hay que permitir de ninguna manera que la pasión que nos mueve por ese objetivo se apague. Que debemos relativizar, poner en cuarentena, olvidar lo que los demás creen podemos o no podemos hacer. Los únicos autorizados a hacerlo somos nosotros mismos. Somos nosotros los que debemos decidir, a partir de la experiencia, si el objetivo que nos hemos propuesto hay que abandonarlo o modificarlo. Y nos es necesario saber encontrar y aprovechar cualquier atisbo de oportunidad para automotivarnos. Porque nadie lo va a hacer por nosotros.

Si encontramos algo por lo que vale la pena dedicar apasionadamente nuestro esfuerzo, si hay algo en lo que fluimos, que da sentido a nuestra vida, que puede beneficiarnos a nosotros mismos y a nuestros semejantes… Entonces es muy probable que acabe dando sus frutos. Tarde o temprano.

En el camino hacia nuestros objetivos habrá obstáculos. Necesitamos  entereza y paciencia para poder encontrar la solución adecuada. Superar esos obstáculos nos va a reportar satisfacción y estar más cerca de conseguir lo que queremos. Y llegará el día en que lo logremos. Y entonces sabremos que valió la pena el esfuerzo. Y eso nos habrá hecho mejores.

¡No permitamos que nuestras pasiones se apaguen a causa de la opinión de los demás!

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