CÍRCULO VIRTUOSO DE RELACIÓN INTERPERSONAL

17 septiembre, 2012

 

 

Semanas atrás, mientras tomaba algo en el bar de costumbre con mis compañeros toastmasters  después de una sesión del club, uno de ellos me preguntó: ¿cómo es que eres de trato tan afable, tan simpático? Mientras me recuperaba de la sorpresa que la pregunta me había causado, me pasaron a la velocidad del rayo varias posibles respuestas por la cabeza. La primera de ellas, en forma de pregunta: “¿de verdad lo soy?”,  la segunda: “espera a coincidir comigo en un día que tenga torcido” y la tercera: “no tengo ni idea”. Pero la respuesta que le dí tras pensarlo unos segundos fue la siguiente: “gracias a ti y el resto de compañeros”. Y al decírselo sentí que le había dicho la verdad y me dí cuenta de lo que significaba lo que le acababa de pronunciar.

Para mí, las relaciones interpersonales positivas aportan bienestar personal y belleza al mundo. Pienso que aunque uno esté en el lugar más idílico del planeta si la persona que tiene al lado o las personas que le rodean propician relaciones interpersonales superficiales, negativas o tóxicas de nada le sirve contemplar el paisaje.

Lo que me ocurre con mis compañeros del club es todo lo contrario. Ellos para mí son un oasis de belleza interpersonal en medio de la fealdad del entorno urbano. Son ellos los que, al verme, me acogen con una sonrisa amable. Son ellos los que se encargan de hacerme sentir que se alegran de verme. Me escuchan cuando hablo y  formulan preguntas interesantes que enriquecen las conversaciones que establecemos. En definitiva son ellos los que sacan lo mejor de mí. Con gente así es fácil ser amable y simpático. Porque en caso contrario o eres un estúpido integral o tienes dañada una parte del cerebro que no te permite empatizar.

Es muy importante encontrar gente que te aporte cosas positivas. Personas con las que te puedas desarrollar a nivel emocional e intelectual. Personas que te enriquezcan con sus diferentes conocimientos, habilidades, actitudes, pensamientos… Yo no dejo de estar atento para poder reconocerlas.

Por otra parte pienso que a nadie le amarga un dulce y que la gran mayoría  de las personas no son insensibles a una sonrisa amable y a un trato afable (a no ser que sean estúpidas integrales o tengan dañada una parte del cerebro). Es decir, tenemos  la oportunidad de crear belleza interpersonal ahí donde es escasa. Tenemos la oportunidad de liderar ese cambio y propiciar que las personas puedan ofrecer la mejor versión de sí mismas. Y establecer un círculo virtuoso de belleza interpersonal.

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