LA ENTRADA EN ESCENA

15 octubre, 2012

 

 

Los oradores, al igual que los actores, deben saber mantener la atención de su audiencia. En el argot del arte dramático decimos que hay que mantener la energía en todo momento.  Lo que quiere decir que el actor no puede dejar de tener presente en ningún momento aquello que quiere causar a nivel emocional en los espectadores. Y para poder hacer eso es necesaria su implicación física, emocional y mental, además de mucho ensayo. Hoy me voy a centrar en el momento que transcurre entre que el orador sale a escena y empieza a decir sus primeras frases.

El orador ha de ser consciente que a partir del momento en que la mirada de la audiencia deposita su atención en él, queda establecida una relación de comunicación. He visto oradores que, tras ser presentados, se dirigen a escena con cara de circunstancias y una vez alcanzado el lugar desde el cual iniciarán su discurso dibujan de repente su mejor sonrisa. Error. Acaba de perder credibilidad. Una credibilidad que tendrá que esforzarse en recuperar a lo largo de su discurso. Cosa posible de conseguir pero como dice un sabio consejo: “no tenemos una segunda oportunidad de causar una primera buena impresión”. Así que hay que salir a escena sabiendo que somos el foco de atención y por lo tanto debemos transmitir la confianza que dan las horas de ensayo y las ganas de hacer llegar al público todo el juego emocional  y toda la aportación intelectual que contiene nuestro discurso.

Cuando empecemos a hablar debemos tener el entusiasmo y la mentalidad de querer confirmar a nuestro público que vale la pena que inviertan parte de su tiempo escuchándonos. Por lo tanto el volumen de la voz, la claridad con que nos expresamos, la entonación… estará dirigido a transmitir ese convencimiento.  Se trata de marcar el tono  de nuestro discurso y de nuestra proyección como oradores desde el primer momento. Y a partir de aquí evitar la monotonía expresiva que tanto contribuye a que la audiencia “desconecte”.

No debemos centrar nuestra atención en nosotros mismos en estos primeros momentos, sino en el público. No podemos enviarnos mensajes de ¡me palpita el corazón!, ¡me voy a olvidar de lo que tengo que decir! ¡me estoy mareando!… ¡Error! ¡Es normal que el corazón nos vaya más rápido, señal que estamos vivos! ¡Se trata de una situación de estrés y la adrenalina corre por la sangre! Lo que hay que hacer es respirar hondo repetidamente para aportar más oxígeno al cerebro y calmar al corazón.

Si nos centramos en nosotros en los primeros momentos empezaremos en falso, transmitiremos inseguridad, vacilación, etc… Y no vale la pena. Puesto que al poco de empezar, si tenemos algo que decir y lo hemos ensayado, entraremos en situación y ya solo estaremos pendientes del público y todo fluirá. Así que es mejor para todos que todo fluya desde el primer segundo.

 

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Una respuesta to “LA ENTRADA EN ESCENA”

  1. Josep said

    Lleva Vd,, ya, tres escritos de oratoria muy interesantes, se nota que domina el tema. Cuente conmigo si se decide poner en marcha un taller de PRACTICA oratoria como alumno o colaborador,lo que Vd. prefiera.
    Quizás igual que Vd. considero que es básico para llevara a feliz término el asociacionismo y en consecuencia la mejora y estabilidad social.
    Mi inconveniente, que sería el desplazamiento de Igualada a Barcelona, creo que podré superarlo.
    Josep

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