EL GESTO EN ESCENA

5 noviembre, 2012

 

 

“Menos es más” sentenció el gran arquitecto del siglo XX, Mies van der Rohe. Un principio que todo buen actor de teatro y todo orador competente tiene muy presente.

En las escuelas de arte dramático se enseña a economizar el gesto. Esto quiere decir que se enseña a encontrar los gestos que maticen y/o apoyen el discurso del personaje en los momentos clave. Así cómo el carácter de éste (la gestualidad de un refinado intelectual no es la misma que la de un grosero picapedrero). Se enseña a evitar el horror vacui  (“miedo al vacío”), tan característico del estilo arquitectónico del barroco; a evitar una gestualidad sobrecargada. Y se pone mucho empeño en ello porque una gestualidad sobrecargada  es una contaminación del propio actor sobre su personaje y provoca  distracción y cansancio al espectador. No aporta nada relevante a nivel dramático y por el contrario resta credibilidad a la profesionalidad del actor.

Aquel que quiera ser considerado un orador competente ha de ser consciente de la gestualidad que está desplegando ante su audiencia. Ya durante el proceso de ensayo de un discurso es recomendable registrarnos en vídeo para darnos cuenta de ello. Así veremos, y lo digo por propia experiencia, cómo gesticulamos de manera brusca con las manos, cómo desplazamos la cadera hacia un lado, doblando ligeramente el cuerpo, cuando pasamos a otra parte del discurso, etc…

Por otra parte el gesto crea y abarca espacio. No es lo mismo decir: “todos ustedes” con un breve gesto de una mano dirigida a la audiencia que decirlo sosteniendo los dos brazos extendidos.

El gesto sirve para hacer transiciones entre un espacio y otro, entre distintas partes del discurso. Por ejemplo, imagine un orador que alza su brazo derecho y con la mano adoptando la posición de estar cogiendo un vaso, explica que realizó un brindis con una persona desconocida que se encontraba a cierta distancia. Mantiene la posición unos segundos mientras sonríe recreando ese momento. Seguidamente, manteniendo el brazo alzado deshace el gesto de estar cogiendo un vaso y abre su mano extendiendo los dedos para decir a continuación: “me encantó ese detalle”. Y mantiene ese gesto unos segundos antes de deshacerlo y pasar a otro. Como espectadores habremos asistido a una transición orgánica que habrá sabido potenciar la emoción de la situación y nuestro interés por el relato.

Para finalizar quiero confesarles una cosa: no soporto ver en escena unas manos (y por extensión un cuerpo) que no transmitan fuerza. Las manos de los actores y los oradores han de estar viviendo el discurso, han de tener cierto grado de tensión muscular en todo momento, ¡no pueden estar flácidas! Porque, en caso contrario, resta poder de empatizar con el público, resta credibilidad, resta capacidad de seducir, de entusiasmar… Parece exagerado pero raramente un actor de manos flácidas llega a estar en primera línea de la profesión. Y lo mismo les ocurre a los oradores.

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Una respuesta to “EL GESTO EN ESCENA”

  1. antonio said

    me encanta este post!! enhorabuena!

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