LA CONEXIÓN CUERPO-MENTE-EMOCIÓN EN ESCENA

19 noviembre, 2012

 

 

Una de las claves de lo que los actores llaman “presencia escénica” está en el hecho de encarnar al personaje habiendo conectado cuerpo, mente y emoción. Esta conexión es lo que les proporciona una vivencia interna verdadera. Vivencia interna que proporciona, a su vez, una actuación que es percibida por el público como verosímil. Y esto es lo mejor que puede proporcionar un actor a su audiencia. Porque consigue emocionarla. Llevarla  allí donde quiere tras haber puesto a su favor el mecanismo de identificación de ésta.

A la hora de hablar en público es importante tener en cuenta esta conexión. Por eso es importante que en la medida de lo posible podamos añadir parte de nuestra historia en nuestro discurso, por breve que sea. Una  experiencia personal, una reflexión personal profunda sobre un tema… De lo que se trata es que nuestros sentimientos, nuestras ideas, etc… respalden nuestras palabras.

Cuando añadimos parte de nosotros en aquello que contamos, transmitimos confianza y sinceridad. Esto ocurre porque nuestro relato está apoyado por las imágenes que vemos en nuestra mente. Son estas imágenes las que nos hacen experimentar emociones y sentimientos que, a su vez, transmitimos a aquellos que nos escuchan. Son estas imágenes las que hacen que cada movimiento de nuestro cuerpo, cada gesto, cada mirada, cada entonación de la voz, cada pausa,… tenga un sentido que va sumando a favor de nuestro relato. Un sentido no contaminado por la contradicción. Como cuando el orador está diciendo una cosa y su lenguaje no verbal no lo corrobora porque simplemente no tiene nada que decir o, aún peor, no cree en aquello que está diciendo. Abraham Lincoln dijo: “Creo que nunca habré envejecido lo suficiente como para hablar sin turbarme cuando no tengo nada que decir” Si a él, uno de los grandes comunicadores de la historia, le sucedía eso… ¿qué nos puede llegar a suceder a nosotros?

Tener conectado cuerpo, mente y emoción es la experiencia más gratificante que le puede ocurrir a un actor y a un orador en el desempeño de su actividad. Porque les hace experimentar algo auténtico que les llena de sentido positivo. Porque les hace conectar emocionalmente con su público. Y porque los aplausos que escuchan de éste tienen su origen en un sincero entusiasmo, agradecimiento, etc,… y no en un mero protocolo social. Y además habrá construido o habrá consolidado su credibilidad.

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