UNA ANTIGUA REGLA MNEMOTÉCNICA

11 febrero, 2013

Imagen

En esta ocasión quiero compartir con ustedes un recurso memorístico utilizado por los antiguos griegos hace ya veinticinco siglos y que los romanos le dieron el nombre de “método de los loci” o de los lugares porque trabaja con la memoria visual.

Este método lo podemos utilizar para nuestra vida cotidiana. Aunque en esta ocasión me referiré a él para aplicarlo a la memorización de un discurso. ¿En qué consiste? Muy sencillo; se trata de asociar una imagen a cada uno de los puntos y subpuntos de que consta nuestro discurso. ¿Qué imágenes asociaremos a estos puntos y subpuntos? Si tenemos en cuenta de que un discurso tiene una estructura con su introducción, cuerpo y conclusión eso quiere decir que tiene un recorrido. Por lo tanto asociaremos imágenes que tengan un recorrido. Como por ejemplo las imágenes de las distintas habitaciones de nuestra casa y los muebles que cada habitación contiene. Aunque también nos podemos focalizar en una de las habitaciones de nuestra casa y en sus distintos muebles. O incluso en los distintos lugares por los que pasamos en un recorrido que efectuemos a diario.

Así pues, en el caso de utilizar la imagen de distintas habitaciones de nuestra casa, la introducción la podemos asociar al recibidor. La transición de la introducción al primer punto del cuerpo la podemos asociar a la apertura de la puerta que va del recibidor al comedor. A la imagen del sofá asociaremos el primer punto. Al cojín de la derecha el subpunto que queremos tratar y al cojín de la izquierda la explicación que aportaremos de ese subpunto.  El segundo punto de nuestro discurso lo asociaremos con la mesa. El subpuntos a una de las sillas y a otra de ellas la explicación, anécdota, dato estadístico… que aportemos para ilustrar el subpunto. Y así sucesivamente con todos y cada uno de los puntos de que conste nuestro discurso. (Recordemos que nuestra audiencia recordará con claridad de tres a cinco puntos dependiendo de la extensión de nuestro discurso.) Abriremos la puerta que va del comedor a la cocina, por ejemplo, para efectuar la transición entre el final del cuerpo del discurso y la conclusión. Y con los fogones asociaremos la recapitulación de lo dicho y con el fregadero, nuestra cautivadora frase final.

Para desarrollar nuestra memoria visual, debemos distribuir los distintos pedazos de papel recortados de nuestro discurso por los distintos espacios y muebles que necesitemos para la ocasión. Debemos recorrerlos físicamente, esto es muy importante, de manera repetida para que se nos quede grabado en la memoria. Una vez conseguido esto, bastará recurrir a la imagen para que nos aparezcan los puntos e incluso el texto de nuestro discurso en la memoria. Esto nos aportará una buena dosis de confianza y eliminando el temor de olvidar aquello que queremos decir.

Es importante que utilicemos el mismo espacio y los mismos muebles en el mismo orden. De esta manera podremos recordar con más facilidad conforme vayamos practicando este método.

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