RECURSO PARA CONTROLAR NUESTROS NERVIOS

4 marzo, 2013

 ANCLAJE EMOCIONAL

¿Les ha sucedido de oler una fragancia o escuchar una canción e inmediatamente transportarse a una escena del pasado, produciéndoles una vivencia emocional potente? Seguro que sí.

A esta asociación automática entre un estímulo y una respuesta emocional la Programación Neuroligüística le da el nombre de “anclaje”. Y esta capacidad que tiene nuestra mente de transportarse desde el presente hasta el pasado, la podemos utilizar para beneficiarnos en un momento dado. Por ejemplo cuando estamos nerviosos por alguna cosa. Como por ejemplo, al tener que hablar en público, hacer una entrevista de trabajo o romper el hielo con una persona que nos gusta.

¿Cómo nos podemos construir un “anclaje”? Muy fácil. Lo primero de todo es disponer de una escena a la cual pueda recurrir nuestra mente cuando lo deseemos. Esta escena tiene que proporcionarnos un sentimiento de seguridad, de equilibrio, una emoción de alegría, de felicidad… La escena a la que yo recurro es una hermosa vista de alta montaña.

Cada uno de ustedes puede escoger la escena que quiera. De lo que se trata es que en ese momento sean muy conscientes de lo que sienten tanto a nivel externo como interno. Es decir, mi escena de alta montaña viene acompañada de una brisa fría que al respirar me llena los pulmones de aire fresco. La brisa me acaricia el rostro y los brazos y escucho el ruido de los árboles meciéndose. Como es un día soleado, siento un calor agradable. Mis pies desnudos sienten el contacto con la hierba que me masajea los pies. Y mi vista contempla una espectacular cadena montañosa bajo la cual hay un lago espectacular… Mi corazón palpita tranquilo. Respiro libremente, toda tensión muscular se desvanece… Me siento seguro de poder afrontar lo que sea.

Cuando sean conscientes de lo que perciben tanto a nivel sensorial externo como interno, llega el momento de escoger un gesto, una postura, que actuará como señal que nos permitirá conectar con nuestra escena en cualquier momento. Por ejemplo, cogerse con la mano derecha el antebrazo izquierdo. En esta posición continuamos atentos a lo que percibimos. Al cabo de unos minutos dejamos la postura.

A partir de aquí podemos practicar. Cogernos con la mano derecha el antebrazo izquierdo, cerrar los ojos y recordar nuestra escena con las sensaciones externas e internas percibidas. De esta manera ayudamos a nuestra memoria a grabar la experiencia.

Así cuando llegue el momento de tener que hablar en público, hacer una entrevista de trabajo o romper el hielo con la persona que nos gusta, podemos recurrir al gesto de nuestro anclaje y de esta manera hacer que nuestros nervios se calmen y evitar que nos jueguen una mala pasada. ¡Es neurociencia y funciona!

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