RECUPEREMOS LA ACTITUD DE PREGUNTAR

13 mayo, 2013

Hace unos días leí una entrevista que le hicieron a la experimentada periodista y presentadora de televisión Mercedes Milá en “la contra” de La Vanguardia. Lo que más me llamó la atención fue lo orgullosa que estaba de haber conseguido, a la edad de sesenta y dos años, el no cortarse a la hora de formular una pregunta.

Me resulta desconcertante el hecho de cómo perdemos esa capacidad que de niños nos facilitó el proceso de aprendizaje para adaptarnos al mundo y que parece inscrita en nuestro ADN. Y es que conforme crecemos distintos factores se interponen para que no seamos capaces de formular las preguntas que necesitamos formular. De los distintos factores quiero referirme al de la excesiva prudencia o, directamente, la vergüenza.

Pongamos un ejemplo. Usted contrata a un abogado muy reputado. Cuando está reunido en su lujoso despacho usted se da cuenta que no acaba de entender lo que dice. Y usted, impresionado por la reputación que precede al abogado y por el lujo del despacho, en lugar de sugerirle amablemente que le hable de manera que le pueda entender y hacerle las preguntas necesarias para ayudarlo a esa finalidad, decide confiar en su saber hacer y no decirle nada… Prefiere “pasar por el aro” y evitar tener que crear “un conflicto”. Conflicto que por otra parte le puede llevar a descubrir que su abogado hace todo lo posible por no hacerse entender y que más vale dejar de tener relación con él o ella. Estas cosas pasan… Y pueden dar lugar a situaciones futuras desagradables.

Conviene no dejarse impresionar. Esa es la moraleja del cuento, El traje nuevo del Emperador. Ninguno de los súbditos se atrevió a formular una pregunta o un comentario que evitara que su majestad fuera por la calle mostrando su regio culo y un par de sastres embaucadores se llevaran el dinero.

Las convenciones sociales que asumimos, nuestros propios prejuicios nos pueden apartar del sentido común. Y no preguntar o no hacer un comentario cuando nuestra voz interior nos está pidiendo a gritos que lo hagamos, nos apartan de él.

Hay un dicho que dice así: “Si no entiendes una cosa y preguntas, parecerás un ignorante durante cinco minutos pero si no entiendes y no preguntas… serás un ignorante el resto de tu vida”. ¡Recuperemos la actitud de preguntar cuando lo consideremos oportuno! ¡Preguntemos sin complejos cuando y cuanto sea necesario! ¡Recuperemos esta maravillosa actitud de cuando éramos niños!

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