CONTROLAR EL MIEDO: LIBERACIÓN

20 mayo, 2013

 

 

La semana pasada una compañera de mi club Toastmaster de oratoria hizo su primer discurso. Lo que nos contó fue una historia del tipo que más me gustan: de superación personal. ¡En este caso de superar el miedo a hablar en público!

Tres cosas me impactaron de su intervención. La primera de ellas fue el hecho de ver ante mí a una persona que confesaba que había llegado a desarrollar una úlcera de estómago fruto de la angustia que le causaba la idea de tener que hablar en público. Circunstancia que, para su “desgracia”, era habitual en su trabajo. La segunda fue el escuchar de su boca que su miedo a hablar en público era tan grande que durante el tiempo que duraron sus estudios universitarios no se atrevió a formular una sola pregunta en clase. Y la tercera, y no por ello la menos importante, era el hecho que este miedo irracional era fruto de una experiencia traumática sufrida de pequeña. Había sido objeto de burla en público.

Estoy convencido que ustedes ya han concluido lo que voy a exponer a continuación. Pero, con su permiso, no voy a privarme de dejar constancia por escrito de ello. ¡Qué importante es saber reforzar a un niño a tiempo! Para que tenga los suficientes recursos emocionales como para poder reaccionar positivamente ante las situaciones que se le plantearán a lo largo de su vida adulta. ¡Qué importante es saber construir en los niños los cimientos sobre los que  asentar firmemente su vulnerabilidad! Para que esta pueda ser fuente de superación y no de inhibición o frustración. Y hacerlo desde el cariño, desde el ejemplo. Desde la sinceridad de que las cosas, como hablar en público, no son fáciles pero que con determinación y práctica es posible dominar.

¡Qué importante es, ya en la vida adulta, el proponerse provocar un cortocircuito en la dinámica causa-efecto! El tomar la decisión de intentar no estar sometido a un miedo irracional. A un miedo desmesurado que nos causa una angustia enfermiza. Y pedir ayuda. Y reeducar el cerebro cueste lo que nos cueste porque la meta de ese esfuerzo es la liberación.

Mi compañera de Toastmaster buscó y encontró en el club un entorno amistoso donde la gente que la observa y escucha mientras hace un discurso está allí para que consiga superarse discurso tras discurso. Gente que la escuchará y observará respetuosamente y le aportará una retroalimentación positiva al finalizar. Y allí estaba ella, controlando su ansiedad, mostrándose tal cual y poniendo en práctica las herramientas oratorias que está aprendiendo. Y consiguió que el público conectara con su historia y empatizara con ella, así como una buena dosis de autoconfianza para seguir trabajando en la dirección que le ha de llevar a convertir su miedo irracional en uno de racional. A uno miedo que se puede controlar. Paso fundamental para convertir una experiencia traumática en una de enriquecedora.

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