CUANDO HABLAR SE VUELVE NECESIDAD

10 junio, 2013

 

Soy una persona que tiene predisposición para escuchar a los demás. Eso es positivo. Es una buena manera de aprender. Es también una buena manera de “hacerse querer” por los demás. Porque, ¿a quién no le gusta, le reconforta y le hace sentir valorado que alguien le escuche? Todos tenemos la necesidad de ser escuchados. Y, por el contrario, poca gente es capaz de ofrecer el “servicio” de escuchar.

Tiempo atrás me dí cuenta que al finalizar un encuentro con otras personas, ya fueran familiares, amigos o desconocidos experimentaba una sensación de malestar. Una especie de tristeza. ¿Y cuál era el motivo de este sentimiento? El hecho de no haber sido proactivo a la hora de participar en la conversación. Me había limitado a escuchar el noventa por ciento del tiempo.

¿Qué tenía de malo, esto? Primero: que no me había dado la oportunidad de valorarme a mí mismo. Era como si asumiera que yo no tenía nada que aportar a la conversación. Segundo: que no había dado la oportunidad a los demás para poderme valorar. No les había dado la oportunidad de poderme escuchar. Y yo no había tenido la experiencia de ser escuchado. Tercero: me había aburrido de tanto escuchar. Porque no todo lo que escuchas es interesante.

Cuando me dí cuenta de todo esto, asumí que era necesario el cambiar de actitud. Era necesario incrementar mi participación hablada en las conversaciones. Interioricé la idea de que tenía cosas que decir y que valía la pena que las compartiera con los demás.

Y así fue como, poco a poco, hice el esfuerzo por cambiar la actitud, el hábito adquirido de escuchar con la paciencia del santo Job y poco más. Así fue como cada conversación que establecía me la tomaba como una oportunidad para darme la palabra. Para darme la oportunidad de verme en la situación de ser yo quién emitía un mensaje, de comprobar que era escuchado por la otra persona…

Me dí cuenta que esto me aportaba autoestima. Me di cuenta que había llegado un punto en que no valoraba suficiente las experiencias vividas, los conocimientos adquiridos, los pensamientos elaborados a lo largo de mi vida. Todo ello lo vivía en la intimidad de mi memoria. De tal manera que estaban en peligro de ser olvidados al no ser expresados verbalmente. Y no solo eso, sino que incluso me daba pereza el tener que empezar a explicar alguna anécdota, reflexión, etc…

Como digo, supuso un buen aporte de autoestima. Con tesón y de manera gradual he ido cultivando un cambio interior. Ahora cosecho  unos frutos que me hacen bien y que me apetece seguir cultivando.

Escuchar de manera activa es una actitud y una habilidad muy positiva. Propicia el fluir de las relaciones interpersonales y el que se pueda alcanzar objetivos que de otra manera son imposibles de alcanzar. Por eso es necesario acompañarla con una voluntad de aportar, de verbalizar pensamientos, sentimientos, vivencias… Para que exista la posibilidad de que el resultado sea mucho más rico que en el caso que solo una parte sea la que aporte. Démonos la oportunidad de valorarnos y de ser valorados por los demás. Todos y cada uno de nosotros tiene una historia que contar, algo que compartir que pueda hacer que pueda beneficiar a otras personas y construir nuevas realidades. Reforcemos nuestra autoestima y evitemos quedarnos encerrados en nosotros mismos.

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2 comentarios to “CUANDO HABLAR SE VUELVE NECESIDAD”

  1. ANA said

    Y cuando le hablas a tu marido y te dice que tus cuatro temas de conversación son aburridos, ¿qué haces? Te dan ganas de no contarle nada porque sientes que no le interesa nada de lo que tienes que decir. ¿Qué consejo me das? Eso de estar los dos callados después de llevar todo el día sola lo llevo fatal.

    • Hola Ana,

      Entiendo cómo te sientes. Es realmente frustrante y desalentador. Tu marido probablemente no se da cuenta pero ese comentario y esa actitud, para ti, es una agresión. A diferencia de la mayoría de las mujeres, la mayoría de los hombres son callados en el ámbito privado y no necesitan hablar para relajarse. Cuando llegan a casa “desconectan” haciendo zapping o viendo un partido de fútbol… Y no entienden que sus parejas puedan relajarse o reconfortarse hablando de lo que les ha ocurrido a lo largo del día.

      Te propongo varias cosas que pueden ayudarte:

      1. Respira hondo y cuando estés calmada, dile a tu marido de manera cariñosa, sin resentimiento ni violencia, que ese comentario y esa actitud te hiere. Explícale porqué y qué es lo que necesitas de él. Dile que lo necesitas.

      2. Esto de estar todo el día sola está claro que no te favorece. Búscate una actividad. Relaciónate.

      3. ¿Por qué no te buscas una actividad con tu marido? Seguro que así tendrás más oportunidades de propiciar ocasiones para hablar con él.

      Un saludo.

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