DEL MIEDO A LA DIVERSIÓN

4 noviembre, 2013

Stage

 

Una de las integrantes de uno de los grupos de teatro que he tenido la oportunidad de dinamizar me comentó entusiasmada tras el estreno de la obra: “si me llegas a decir tiempo atrás que sería capaz de estar en un escenario actuando ante centenares de personas te hubiera tomado por un insensato”. A lo que añadió: “¡Ahora resulta que no solo lo he hecho sino que además me he divertido!”.

¿Qué ocurrió por el camino? ¿Cómo fue posible que una idea a priori disparatada se hiciera realidad? ¿Cómo pudo superar ese prejuicio?  Las causas que influyeron en la consolidación de su autoconfianza fueron diversas. Por ejemplo el contar con un entorno de trabajo propicio para desinhibirse; un entorno de colaboración y de motivación mutua. ¡La de talento que se puede perder si no se consigue un buen ambiente de trabajo!

Hoy quiero destacar aquí otro factor que contribuyó a su autoconfianza y que tiene que ver con una cuestión de actitud. Y es que esta persona se automotivaba para afrontar los retos que se le planteaban en cada una de las sesiones del taller. Cuando hacía los distintos ejercicios actorales, las improvisaciones, etc,… respiraba hondo para mitigar la ansiedad que sus pensamientos le pudieran generar y se concentraba única y exclusivamente en hacer lo que tenía que hacer en ese momento. Jugando a fondo.

Esta persona seguía al pie de la letra lo que dice el título del libro superventas de Susan Jeffers, y que les recomiendo que lean: ”Aunque tenga miedo, hágalo igual”. De esta manera fue acumulando experiencias positivas que se iban almacenando en su memoria. De esta manera fue perdiendo el miedo a hacer el ridículo, miedo al qué dirán, miedo al fracaso. Y así fue como, paso a paso, fue capaz de exponerse ante la mirada de los demás, de consolidar el hábito de  apoyarse en su imaginación para permanecer concentraba mientras jugaba las escenas, etc…

La gratificación que le causaba el hecho de jugar a fondo para conseguir los pequeños objetivos “aquí y ahora”, era mucho mayor que abstenerse de intentarlo por miedo. Y así fue como pasó del miedo a la diversión.

Esta actitud y esta manera de trabajar le permitían no dejarse intimidar por la imagen del día del estreno. Ella se concentraba en el presente y no se dejaba arrastrar por el desasosiego del futuro incierto.

Si no hubiera decidido utilizar durante el proceso todo su potencial en la consecución de pequeños objetivos, no hubiera podido llegar al gran objetivo de actuar en una obra de teatro ante centenares de personas. Y se hubiera quedado con la errónea opinión sobre sí misma de que era incapaz de hacerlo y mucho menos disfrutar de la experiencia.

Recuerdo que cuando me comentó su sorpresa ante lo que había conseguido, le contesté: “Tú te has permitido el tener esta experiencia. Y no olvides añadir otro logro a tu actuación: “has conseguido que la gente disfrutase con ella!”.

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