EL ARTE DE HACERSE ENTENDER

2 diciembre, 2013

 

Cuando un dramaturgo o un novelista escriben una obra, en el mejor de los casos, es porque tiene algo que contar. Para ello diseñan una estructura en la que tienen cabida una serie de situaciones y personajes involucrados en ellas y hacen un uso determinado del lenguaje. Situaciones, personajes y lenguaje despliegan una estrategia pensada para ir proporcionando la información que necesita el público para poder seguir el argumento y experimentar sentimientos y emociones.

Un dramaturgo o un novelista, en el mejor de los casos, siempre tiene presente al público mientras compone la obra. Y una persona que ha de dirigir su palabra a un público le conviene hacer lo mismo si no quiere que su acto comunicativo sea un fracaso.

Como público nos resulta desagradable y frustrante cuando nos damos cuenta de que alguien no ha sabido hacerse entender. Y nos resulta prácticamente imperdonable cuando nos damos cuenta de que ese alguien, directamente, no ha querido hacerse entender.

Para hacernos entender por los demás nos será útil tener en cuenta lo siguiente:

1. Tener muy claro qué es aquello que queremos decir.

2. Tener muy claro qué es aquello que queremos de nuestro público una vez haya acabado nuestro acto comunicativo.

Estos dos puntos los podemos escribir en una frase. Con verbos activos (en infinitivo) y concretas. Por ejemplo: Quiero decir que reciclar la materia orgánica es beneficiosa para el medio ambiente. Y quiero conseguir del público que recicle la materia orgánica utilizando para ello bolsas de basura compostables y no de plástico.

3. Tener presente a qué tipo de público nos dirigimos.

Utilizar términos técnicos ante un público no experto es garantía de fracaso comunicativo. Por ello es mejor adaptar nuestro lenguaje. O si pretendemos utilizar términos técnicos explicar antes muy bien qué significan antes de pronunciarlos.

4. Estructurar claramente nuestro discurso con una introducción, un cuerpo y una conclusión. Y unas transiciones entre dichas partes que ayuden a nuestro público a tener la sensación que sabe en todo momento qué punto del discurso está escuchando.

5. Vocalizar y controlar la velocidad del habla.

Si pretendemos que nuestro mensaje sea captado por nuestro público nos debe guiar nuestras ganas de hacernos entender. La claridad es fundamental si queremos tener éxito en nuestro objetivo de hacer que el público entienda nuestro mensaje. Y cuando el público se encuentra con un orador así, lo guarda en su memoria con respeto, incluso con afecto.

 

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