REIRSE DE UNO MISMO

9 diciembre, 2013

 

El ser humano es el único animal que posee un desarrollado sentido del humor. El gran filósofo alemán Nietzsche dejó escrito que “La capacidad intelectual de un ser humano se mide por la dosis de humor que es capaz de utilizar”. Por supuesto, Nietzshe se refería más a la ironía capaz de desenmascarar pensamientos dogmáticos y convencionalismos sociales rígidos que a la habilidad de explicar con gracia un chiste. Estoy convencido de que la talla humana de un individuo se mide por la capacidad que tiene de reírse sanamente de sí mismo.

Reírse, sanamente, de uno mismo implica un nivel de autoestima muy superior al de la media nacional. Implica flexibilidad en la relación que se estable con uno mismo. Implica no estar subyugado a una imagen rígida de uno mismo, que no permite salirse de un guión autoimpuesto con el fin de evitar un posible sentimiento de inseguridad, “pérdida de identidad”, etc… Reírse de uno mismo denota el poseer las cualidades de una inteligencia despierta, una conexión profunda con la propia emocionalidad y una alegre y autoconfiada humildad. Alguien así, está capacitado para obtener una perspectiva de las personas, los hechos, del mundo que le rodea  diferente a la habitual; a la del común de los mortales que se toman a sí mismos demasiado en serio. Alguien así es una persona que evoluciona constantemente puesto que es capaz de cuestionarse de manera constructiva a sí misma, su relación con los demás y la realidad misma.

Siento un profundo respeto por aquellas personas que, demostrando ser muy competentes en su ámbito profesional, demuestran, al mismo tiempo, una sincera capacidad de reírse de sí mismas. No como una postura, como un recurso que se utiliza de manera retórica para afianzar su estatus en las relaciones interpersonales que establecidas con los demás. El típico cargo, ejecutivo, directivo que se “ríe de sí mismo” pero que de ninguna manera tolerará que el otro le ratifique en su “debilidad”. La típica persona que “se ríe de sí misma”  dándote a entender que incluso la “imperfección” le sienta bien… ¡no como a ti!

Y es que reírse sinceramente de uno mismo significa que uno se vive a sí mismo dentro de una red interdependiente de relaciones emocionales, sociales, laborales… y no con la mentalidad de un rey absoluto o del genio total. Significa  que las ideas que uno posee son perspectivas posibles y no verdades absolutas. Que la manera que tiene uno de hacer es susceptible de poderse modificar a mejor. Que  los que nos rodean nos pueden enseñar si sabemos observar y escuchar. Y que nuestra anecdótica presencia en el universo cobra sentido creando armonía en lugar de caos.

Reírse de uno mismo, con respeto, es un acto que, convertido en hábito, deviene un recurso beneficioso para mantener la mente sanamente activa  y propiciar una deseable convivencia social.

El ser humano ha desarrollado el sentido del humor porque es un ser inteligente capaz de pensar sobre sí mismo y el mundo que le rodea. El sentido del humor es un recurso para adaptarse al medio y hacer de la existencia una experiencia enriquecedora y más llevadera. Por eso reírse de uno mismo sana y sinceramente es signo de competencia emocional, social y vita.

¡Ánimos, es cuestión de práctica!

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