LA POESÍA COMO HERRAMIENTA EDUCATIVA

30 diciembre, 2013

 

Es muy común que los niños reciten de memoria una poesía el día de Navidad ante sus familiares. Yo he tenido la oportunidad de disfrutar de ello un año más gracias a mis sobrinas. Pero este año la cosa ha ido diferente. Ha ido a mejor.

¿Por qué ha ido a mejor? Pues porque han contado con la participación de los adultos y eso les ha dado más confianza y motivación. Aristóteles tenía razón cuando dejó escrito en su Metafísica que el ser humano aprende por imitación. Y este año, mis sobrinas han tenido un ejemplo que poder imitar a la hora de recitar su poesía y así mejorar sus dotes poéticas y comunicativas de hablar en público.

Tiempo atrás me di cuenta que los niños recitan la poesía como si las palabras les quemaran la boca y fueran de una lengua arcana y tuvieran miedo de despertar a una bruja malvada… Es decir rápido, sin articular y con un volumen de voz bajo. Así que decidí que este año yo también participaría con una poesía. Así se lo hice saber a mi madre y ésta se apuntó añadió a la iniciativa entusiasmada.

Cuando llegó el día señalado comunicamos a las sobrinas que nosotros dos también recitaríamos una poesía. Les preguntamos por el orden a seguir, si de menor a mayor edad o a la inversa. ¡Por supuesto escogieron a la inversa! ¡Exponerse ante la mirada de los demás para dirigirles unas palabras es algo que estresa a los más expertos! ¡Y este caso no iba a ser distinto, aunque “los demás” sea tu propia familia!

Tanto por parte de mi madre, es decir su abuela, como por la mía, las niñas pudieron comprobar que una poesía puede ser dicha a una velocidad inferior a la de la luz, incluso inferior a la del sonido… incluso ¡oh, sorpresa, que se pueden introducir pausas! ¡Que no ocurría nada por expresarse articulando las palabras con un volumen adecuado para que todo el mundo pudiera entender lo que decíamos!

Otra de las cosas que me di cuenta tiempo atrás es que cuando los niños recitan su poesía se olvidan de que tienen un cuerpo para reforzar la expresión de las palabras que dicen. Así que cuando trabajé en mi poesía busqué las imágenes que contenía y todos aquellos estados emocionales por los que transitaba para poderlos dramatizar con la gestualidad, el tono, la velocidad, el volumen, etc de la voz.

Recuerdo la imagen de sus caras con la boca abierta y los ojos abiertos como platos mientras recitaba mi poesía. Creo que lo que más les llegó fue verme disfrutar haciéndolo. Ver que para mí era un juego divertido.

El resultado fue que cuando recitaron las niñas, lo hacían de manera más pausada y menos cohibida que de costumbre. ¡Y no solo eso sino que se animaron a recitar otras que se sabían!, ¡incluso una de ellas cantó una canción que duraba cinco minutos!

Cualquier oportunidad es buena para proporcionar un ejemplo de habilidad de comunicación a nuestros pequeños. Un ejemplo que se convierta en un referente. El día de Navidad, con su intensa vivencia emocional, nos proporciona una oportunidad de oro mediante un recital poético. ¡Les animo a participar activamente el año que viene!

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