CUANDO LAS COMPARACIONES NOS INTOXICAN

13 enero, 2014

 

Vivimos rodeados de estímulos. Escaparates que reclaman nuestra atención con los objetos más variados, gente en movimiento por todas partes, a pie, en bicicleta, en coche,… yendo a lugares y viniendo de otros tantos , información  sobre todo tipo de ámbitos  a nivel local, nacional o internacional…   Llega un punto en que aparece la sensación de que te estás perdiendo algo… Tal y como, según dicen, les ocurre a la mayoría de adolescentes de hoy en día al enfrentarse a la lectura serena de un libro.

Todos esos estímulos nos alejan de nosotros mismos. Nos hacen entrar en una vorágine que desemboca, entre otras cosas, en el mal hábito de establecer comparaciones entre nosotros y el otro. Entre nosotros y el tipo de éxito de turno que aparece en las portadas o  en la televisión sonriente, vendiéndonos lo feliz que es. Y eso genera sentimiento de frustración y  envidia, cuando no de rabia o incluso de insignificancia.

Es en este preciso instante de zozobra emocional que debemos hacer una cosa básica para centrarnos en nosotros mismos. ¡Respirar profundamente! ¿Fácil verdad? Inspirar por la nariz intentando hacer llegar el aire hasta el ombligo y los riñones. Una vez llenos de aire vivificante, lo retenemos un par de segundos y lo soltamos por la boca despacio. Y repetimos varias veces. Les aseguro que esta es la manera más natural que tenemos como seres humanos para hacer que nuestra mente no se dispare en una cascada de pensamientos tóxicos productores de sentimientos tóxicos. Es la manera más natural de entrar en contacto con nuestra conciencia corporal. Conciencia que nos aporta seguridad.

Una vez conseguimos apaciguar la mente y, tras ella, nuestros sentimientos y emociones, es hora de valorar  la persona que somos. ¿Somos una persona que se hace querer?, ¿somos una persona que intenta aportar belleza al mundo dentro de sus posibilidades?, ¿somos una persona que hace intenta  evolucionar con dignidad como ser humano?…  Nuestros valores son los que aportan un sentido profundo a nuestra existencia y a ellos conviene dirigir nuestra mirada como a un faro en medio de la espesa bruma.

Y continuamos echando la mirada hacia atrás para tomar conciencia de lo que hemos conseguido hasta el día de hoy. Valorar lo que nos ha costado. Cuánto hemos luchado para conseguirlo. Lo que hemos aprendido…

Respirar profundamente, dirigir la mirada a nuestros valores y hacer un repaso de lo hecho hasta el día de hoy son tres recursos que están a nuestro alcance para afrontar con garantías de estabilidad mental y emocional el tsunami de estímulos a los que estamos sometidos a diario. Y así poder continuar avanzando con serenidad. Unos recursos que pongo en práctica así que aparece la ocasión y me evita sufrimiento inmerecido e innecesario.

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