SALTO AL SENTIDO

17 febrero, 2014

 

A diario se nos presentan pequeñas oportunidades con las que llenar de sentido nuestra existencia. Una de estas pequeñas oportunidades se me presentó en una tarde de verano de hace dos años. Mientras contemplaba la magnífica catedral gótica de León…

Fue entonces cuando escuché el llanto de una niña.  Me giré hacia ella y vi que miraba fijamente al cielo. Miré donde ella y entonces comprendí el motivo de su llanto. Lloraba porque el viento le había arrebatado un globo de color rojo. Un globo hinchado con CO2 pulmonar no con helio; con lo que el viento lo llevaba a su antojo de aquí para allá… De allá para aquí…

El padre cogió de la mano a la niña, al disgusto de la niña y empezó a llevárselos a rastras. A mí me sabía mal que esa niña se fuera llorando. ¡Tenía que hacer algo!… Así que empecé a caminar en dirección al globo… que era en sentido contrario al de la niña, su disgusto y su padre. Sin perderlo de vista, lo seguí como los Reyes Magos a la estrella de Belén. Con la diferencia que el globo era más revoltoso que la estrella. Ahora parecía que bajaba rápido, ahora más lento, ahora subía… Y yo detrás, con la incertidumbre de saber si podría devolverle la alegría a la niña, que junto con su disgusto y su padre se alejaban cada vez más…

Pero no desistí y de repente el globo empezó a descender… y a descender y a descender…. ¡Parecía que el viento se había cansado de su juguete robado! ¡Todo indicaba que la trayectoria del globo y la mía, por fin, iban a cruzarse! ¡Empecé a correr! ¡Y antes de que el viento cambiara de opinión… salté! ¡Y lo atrapé! ¡Y me fui corriendo  tras la niña! Me acerqué a  ella por la espalda, le toqué el hombro, se giró… “Creo que esto es tuyo. Agárralo bien, esta vez” – le dije-.

Yo alegré el día a aquella niña pero la expresión de su cara me alegró a mí el alma. Tras despedirme de Judit con un beso, regresé al punto de partida y continué contemplando la magnífica catedral gótica de León. Con sus imponentes torres de casi setenta metros, su gran rosetón central y sus espectaculares vidrieras del siglo XIII…  Pero esta vez con una sonrisa de oreja a oreja.

 Esto es un ejemplo de cómo hacer el bien a los demás tiene una repercusión muy positiva tanto para quien recibe como para quien da. Steven Covey en su libro superventas Los siete hábitos de la gente altamente efectiva hace referencia a un estudio realizado por la Universidad  de Pensilvania. Este estudio concluye que, según los encuestados, hacer el bien a los demás es la actividad que más sentido aporta a la existencia. Hacer el bien a los demás. Estoy de acuerdo. Tras devolverle el globo a Judit, me acompañó un estado de profunda alegría durante el resto del día y a día de hoy me encuentro compartiendo con ustedes esa experiencia.

Los seres humanos somos seres emocionales inteligentes y por ello sentimos la necesidad de llenar de sentido nuestra existencia. Estoy convencido que lo que nos proporciona mayor sentido es cuando aportamos belleza a nuestro entorno. Sobre todo con nuestras acciones en relación con los demás. Una sonrisa, ceder el sitio a alguien que lo necesita, intentar devolverle un globo a una niña… No es necesario que nos propongamos hacer lo que hizo Gandhi o Teresa de Calcuta, se trata de que aprovechemos las pequeñas oportunidades que se nos presentan a diario. Hacer un pequeño esfuerzo y dar un salto al sentido. Un salto que nos permita recordar la belleza que aportamos a nuestro entorno con una sonrisa de oreja a oreja.

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