HABLAR EN PÚBLICO INTEGRANDO LOS IMPREVISTOS

21 abril, 2014

Esta semana pasada Hillary Clinton estaba hablando sobre gestión de residuos y reciclaje en un auditorio de Las Vegas cuando le rozó un zapato lanzado por una mujer del público. Lo que me interesa del caso es cómo reaccionó Hillary Clinton. De cómo consiguió reforzar su empatía con el público.

Tras unos segundos de desconcierto general, se dirigió al público diciendo: “¿Esto es alguien lanzándome objetos? ¿Es un número del Circo del Sol?” (que tiene espectáculo fijo en Las Vegas) Y continuó diciendo: “¡Dios mío, no sabía que el tema de la gestión de residuos fuera tan controvertido! Menos mal que ella no jugó al softball como yo” (porque no consiguió golpearla.)

Recuerdo otra ocasión en que Barack Obama llevaba 20 minutos dando un discurso para defender el programa de salud pública cuando tuvo que parar para ayudar a una mujer embarazada que estaba detrás suyo a punto de desmayarse. Cuando reanudó su discurso dijo: “Esto es lo que pasa cuando hablo demasiado”.

Estos casos nos dan un ejemplo de cómo integrar los imprevistos mientras hablamos en público. Tanto uno como otro orador aceptan la situación y después la desdramatizan con una buena dosis de humor. Que en el caso de Obama lo lleva a reírse de sí mismo.

En ambos casos, los oradores transmiten al público que son personas como cualquiera de ellos. Por más poder que tengan. Y que son capaces de remontar la situación porque tienen la cabeza muy serena. Permitiéndose, incluso, tomárselo con humor. Con eso refuerzan su credibilidad.

Saber integrar los imprevistos es una de las habilidades de un buen orador. Hacer ver que no hemos visto, oído algo cuando todo el mundo se ha dado cuenta de ello es una oportunidad que perdemos de establecer un nexo emocional con nuestro público y reforzar nuestra reputación. Porque transmitimos el mensaje que nosotros vamos a lo nuestro, a decir lo que tenemos que decir, y que no nos importa el resto.

En el caso de que hagamos acuse de recibo de lo sucedido  y lo hagamos con humor entonces la capacidad de empatizar con nuestro público se multiplica por mucho. Algo tan simple como escuchar un sonoro estornudo y decir automáticamente: “¡Jesús!”, es una buena manera de reaccionar.

Hablando ante un público rara es la vez que no surgen imprevistos. Saberlos integrar forma parte de las tareas de un orador. Aceptándolas y con sentido del humor conseguiremos ganarnos un poco más a nuestra audiencia.

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Una respuesta to “HABLAR EN PÚBLICO INTEGRANDO LOS IMPREVISTOS”

  1. Rene said

    Buen blog felicidades

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