LA INCOMPETENCIA Y LA PREPOTENCIA EN UN ACTO COMUNICATIVO

14 octubre, 2014

Estos días he seguido con interés, y consternación, la competencia comunicativa de la ministra de Sanidad del gobierno español y del consejero de sanidad de la Comunidad de Madrid, en relación con el primer contagio del virus de Ébola fuera de territorio africano; ocurrido en el hospital Carlos III de Madrid.

Tanto la ministra como el consejero de sanidad de la comunidad representan un claro ejemplo de dos factores que no se pueden dar en un acto de comunicación interpersonal o ante un público. Y mucho menos cuando la situación de comunicación es de crisis social.

Estos factores afectan a la credibilidad del emisor del mensaje por un lado y a la generación de rechazo en el receptor, por otro. Me refiero a no dominar el tema de qué se habla, es decir, no saber de qué se habla, como es el caso de la ministra. Y a la actitud prepotente y despectiva por parte del consejero de sanidad.

En la única rueda de prensa que ha concedido la ministra, apareció con cara angustiada y rodeada de su equipo de gobierno. Equipo en el que se encuentra el consejero de sanidad de Madrid. La Ministra se limitó a leer un comunicado de nueve minutos. Sin levantar prácticamente la vista en todo ese rato. Perdiendo el contacto visual con periodistas y telespectadores. Dando la sensación de que se estaba escondiendo.

Luego vino la confirmación de lo peor. Cuando los periodistas le hacían una pregunta, la expresión facial de la ministra mostraba incomodidad por el hecho de tener que dar explicaciones. Y una vez finalizada la pregunta, en voz baja, pedía a alguno de sus colaboradores que contestara. La ministra definitivamente se estaba escondiendo porque no tenía competencia para contestar. Y cuando se dignó a contestar, tras la insistencia de algún aguerrido periodista, lo hizo para no contestar a la pregunta y salirse por la tangente.

Para acabarlo de rematar, y ante la ausencia de la ministra en los medios de comunicación, el consejero de sanidad de la comunidad de Madrid ha venido mostrando en las ruedas de prensa una actitud chulesca y ofensiva. Ha llegado a acusar a la enfermera afectada de ser la única responsable de su contagio.
La ministra puede ser una incompetente en este caso pero no se ha mostrado prepotente. Causa desconfianza en quién la oye pero no una rabia, incluso odio visceral como el consejero.

Para mí la prepotencia es un sentimiento que se fundamenta en un relato mental que afirma: “yo sí sé, yo si valgo y tú tienes suerte de poder interactuar conmigo”. Personalmente me causan un gran rechazo aquellos oradores que se muestran pagados de sí mismos, que están encantados de escucharse y de exhibirse.

Lo importante es el mensaje. Es ser capaces de persuadir. Para ello el mensaje debe de ser el protagonista y el orador tiene que desaparecer. Como hacen los buenos actores que solo muestran el personaje y no su propia persona cuando actúan.

Los oradores exhibicionistas no asumen una cosa que está inscrita en la percepción humana. La humildad es persuasiva. La prepotencia genera rechazo. La humildad habla el lenguaje de la concordia y la paz. La prepotencia el lenguaje del conflicto y la guerra.

Al público hay que respetarlo. En su inteligencia y dignidad. Por ello si pretendemos transmitir un mensaje, si pretendemos presentarnos como interlocutor válido, debemos saber de qué hablamos. Y decirlo con respeto. Desde una actitud de humildad. Competentemente humildes. Y lograremos, a diferencia de la ministra de sanidad y el consejero de sanidad de Madrid, proporcionar confianza a aquellos que nos escuchan.

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