La chica de la habitación de al lado del hospital en el que tanto ella como mi mujer acababan de parir, comentaba que de no haber venido al hospital, hubiera parido sin problemas. Pero que al ver la sala donde tenía que parir…, se le paró la dinámica de parto. Y su hijo acabó naciendo por cesárea.

Mi mujer en cambio había visitado la sala de partos en las clases preparto que se hacían en ese mismo hospital. Y, el día de antes, había estado en esa misma sala, postrada en la camilla para que la comadrona le practicara un tacto y le iniciara la dinámica de parto.

Para mi mujer la sala de partos resultó ser un territorio conocido, un territorio “amigo”, a diferencia de la chica de la habitación de al lado que le resultó un territorio “intimidante”. Para mi mujer esa sala era motivo de seguridad, de relajación. Para la chica de la habitación de al lado resultó ser un motivo de estrés. Mi mujer, si no llega a ir al hospital se hubiera estresado de tal manera en casa que no hubiera dilatado lo suficiente para tener un parto natural. Justo lo contrario que la chica de la habitación de al lado.

La moraleja es clara. Conocer el escenario de los acontecimientos es un factor que puede llegar a ser determinante para el éxito o fracaso de una actividad. En este caso, la actividad del parto.

Y esto se puede aplicar al ámbito de la comunicación ante un auditorio. El actor, orador o conferenciante que conoce el espacio en el que va a tener lugar su actuación, tiene un aliado a su favor. Por eso es muy recomendable que siempre que tengamos la oportunidad de visitar con anterioridad el lugar en el que vamos a llevar a cabo una comunicación ante un público, lo visitemos. Realmente es un factor que nos proporcionará seguridad.

Por más experiencia que tengamos vamos a sentir tensión antes de salir a escena. Mick Jagger después de cincuenta años sobre las tablas sigue sintiendo cómo le corre la adrenalina por las venas minutos antes de empezar el concierto. Así pues, conocer el espacio de nuestra actuación hace que liberemos a nuestra mente de una ocupación. La de tener que asimilar el espacio como “territorio amigo” que proporciona seguridad. Y de esta manera poder utilizar esa energía y ese tiempo en otros factores que marquen la diferencia entre el éxito de nuestra actividad.

Conocer el espacio en el que vamos a tener un papel protagonista o destacado es de gran importancia. Lo es para un actor, un conferenciante o un orador como lo es para que una mujer pueda tener una experiencia muy gratificante del inicio de su maternidad.

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Este pasado sábado competí en un concurso de clubes de oratoria y liderazgo Toastmasters a nivel nacional. Quedé en segunda posición en el apartado de discursos en español.

Si les he de ser sincero… ¡hoy me siento más alto, más fuerte y más guapo! Alguno de ustedes estará pensando: “¡Pues imagínate si hubieras quedado primero!…” Pero el motivo de este sentimiento no es la posición en el medallero sino la sensación que experimenté mientras daba el discurso…

¡Fluí! Conseguí una conexión intelectual-emocional-física que me permitió expresar mi discurso como si se me estuviera ocurriendo en ese momento. ¡Conseguí el gran objetivo que estaba persiguiendo: ser natural, auténtico y apasionado… con un discurso preparado ante un público!

No cabe decir que en gran parte lo conseguí porque ensayé mucho en casa. Esto es fundamental. También influyó que me apetecía mucho contarle al público mi discurso. El título era toda una declaración de intenciones: “Reírse de uno mismo”. Donde cuento una historia personal con tintes surrealistas. Con llamada a la acción final incluida. El tercer factor que me ayudó a fluir fue que mi “ego” desapareció. Ego entendido como conciencia de estar actuando ante un público “vendiéndo” lo inteligente, divertido y sexy que soy. (¡Ejem!) El ego con el que fluí estaba alegre por tener la oportunidad de ser escuchado atentamente por un público inteligente, divertido y sexy.

¡Esa sensación de olvidarse de uno mismo, olvidarse del texto aprendido y conseguir “estar aquí y ahora” conectado mental, física y emocionalmente y entregado al público… fue mi gran premio!

Para mayor felicidad mía, la soprano Patricia Caicedo, que dio una charla sobre la voz humana me comentó que había apreciado esta conexión a través de la expresión de mi voz. Mi voz delató la verdad y la emoción en lo que estaba haciendo… ¡Viniendo de una profesional como ella, es todo un halago!

Hoy me siento más alto, más fuerte y más guapo porque conseguí llegar al corazón y la mente del público que me escuchaba. De manera auténtica y apasionada. Ese fue mi auténtico triunfo. Y estoy agradecido a Toastmasters por esta exeriencia.

LAS IMÁGENES MENTALES

14 abril, 2014

Nuestra mente tiene la posibilidad de interactuar con las imágenes que genera nuestra memoria y/o nuestra imaginación. ¿Para qué nos sirve esto? Para aprender de lo vivido, para adaptarnos al contexto y para prever situaciones… En definitiva, para sobrevivir.

Un ejemplo de hasta qué punto el recurso de la visualización mental nos permite sobrevivir, lo encontramos en la experiencia del neuropsiquiatra Víktor Frankl, creador de la Logoterapia, durante su reclusión en campos de exterminio nazi entre 1942 a 1945. ¿Cómo sobrevivió, sin enloquecer, a tanto horror?  Utilizó el recurso de la memoria y la imaginación. Imaginaba escenas con su mujer, a la que amaba profundamente y establecía con ella conversaciones. La imagen gratificante de su mujer, así como la comunicación que estableció con ella, le ayudó a sentirse  acompañado, amado y a sobrellevar el día a día porque tenía un sentido. Aunque él sabía que su mujer estaba en otro campo de exterminio…

Este es un caso extremo que sirve para ilustrar la eficacia de este recurso. Nosotros lo podemos aplicar a distintas situaciones de nuestra vida cotidiana que nos generan estrés por el motivo que sea o a situaciones de las que queremos obtener el mayor rendimiento posible.

Pongamos el ejemplo de un discurso o una presentación en público o una entrevista de trabajo. Nos será muy útil visualizarnos en ella. Si conocemos el espacio donde se va a producir, mejor. Nos ayudará el visualizarnos serenos, respirando tranquilamente, dominando el desplazamiento escénico y nuestra gestualidad corporal. Podemos visualizar a  nuestro público o interlocutor. Nos ayudará el visualizarnos en caso de alguna situación imprevista o pregunta inesperada.  Como por ejemplo, que quién nos interpela se dirija a nosotros de manera prepotente o que se quede callado de repente y nos observe fijamente. ¿Cómo reaccionamos? ¿Cuáles son las posibilidades? ¿Cuál de ellas nos aportará un mayor provecho?

El recurso de la visualización es una herramienta que nuestro cerebro   pone a nuestra disposición para anticipar posibles situaciones. De esta manera nos entrenamos en la gestión emocional, en la observación y consolidación de líneas de pensamiento que favorecen nuestra adaptación. En una manera de actuar que nos haga sentir serenos y transmita una idea positiva de nosotros a nuestro interlocutor. La visualización mental, es una oportunidad que nos permite evitar que una situación nos coja desprevenidos. Porque cuando se produce en la realidad, ya la hemos vivido en nuestra mente.

 

 

¡Me apasiona la montaña! ¡Mis botas han recorrido miles de kilómetros, mis ojos han contemplado centenares de bellos paisajes y he sudado a litros! Andar por sus rutas y sendas  me ha supuesto un viaje interior y aprender una ética para andar por la vida. Edmund Hillary, el primer ser humano que logró pisar la cumbre del Everest dijo muy sabiamente:”No conquistamos las montañas, sino a nosotros mismos”.

Haciendo montañismo he aprendido que solo con esfuerzo se consigue algo significativo. Salvar un desnivel de casi mil metros o recorrer decenas de kilómetros en una jornada, requiere del esfuerzo de tus músculos. La mente tiene que esforzarse en mantener la ilusión por conseguir el objetivo que te has fijado… ¡A pesar del cansancio, el hambre o el dolor! Todo esto me quedó clarísimo hace veinte años mientras cumplía el servicio militar. Junto con la  compañía de esquiadores realicé una travesía de dos días en pleno invierno con el objetivo de subir el Vallibierna, un pico del Pirineo aragonés de algo más de tres mil metros. Durante la primera jornada la marcha duró seis horas después de las cuales construimos nuestros refugios en la nieve. En todo momento disfrutamos de un estupendo día soleado que nada hacía presagiar lo que vendría después. En el momento en que el sol empezó a retirarse, un frío helador empezó a avanzar y en cuestión de minutos las temperaturas bajaron bruscamente. A mí se me quitaron las ganas de comer así que solo ingerí una lata de macedonia. Al poco rato sentí náuseas. Respiré hondo varias veces, diciéndome que todo se debía al cansancio y al frío. Finalmente el malestar desapareció. Por la noche no pude pegar ojo a causa del fuerte viento que hizo imposible que el refugio se calentara.

Al levantarnos a la mañana siguiente el viento persistía. Encender el hornillo era imposible y la comida se había congelado. Así que no pude comer nada. Mientras formábamos para reiniciar la marcha, me enteré de que quince de mis compañeros se retiraban porque se habían intoxicado a causa del mal estado de la macedonia que yo también había comido.  ¡Superé una intoxicación con el pensamiento! En ese momento comprendí hasta qué punto es importante estar motivado.

Mientras esperaba a que la compañía acabara de formar me entró una gran debilidad. Miré al teniente que tenía a mi lado y le dije: “Mi teniente, estoy a punto de desmayarme”. Entonces él, que también estaba tocado, inició la marcha y me animó a  seguirle: “¡Vamos muévete, muévete!, ¡así la sangre te llegará al cerebro”.  Afortunadamente la sangre me llegó al cerebro a tiempo. Lo de afortunadamente es un decir, porque lo peor estaba por llegar.

Conforme ascendíamos el viento en contra soplaba cada vez con más fuerza, dificultando nuestro avance. Aquel día tomé conciencia de lo importante de ser precavido en montaña. Ser precavido consiste en plantearte posibles situaciones futuras y prepararte por si acaso acaban ocurriendo. ¡Cómo me alegré de haberme gastado un dineral en unos guantes! ¡Cómo me alegré de haber visto claro que los guantes que proporcionaba el ejército no servían para el frío extremo! Mientras algunos de mis compañeros se quejaban de no sentirse los dedos de las manos, yo los mantenía calientes. ¡Cuando llegamos a la cima el viento era tan fuerte que la sensación térmica era de treinta grados bajo cero! ¡Treinta grados bajo cero! Al finalizar la travesía, once de mis compañeros, acabaron hospitalizados por congelación.

Maurice Herzog, la primera persona en pisar una cima de más de ocho mil metros, dijo: “No es más quién más alto llega, sino aquél que más intensamente siente la belleza que le envuelve”. Dejarse conmover por la belleza del recorrido es la manera más gratificante de practicar montañismo. Es lo que te garantiza mantener la ilusión en todo momento. Es lo que da sentido profundo al esfuerzo que es necesario realizar. Aquellas dos jornadas, a pesar de todo, disfruté de la agreste belleza del entorno y en la cima, aunque fuera por unos breves segundos, gocé de una vista espectacular… Y me  sentí profundamente agradecido con la vida.

Haciendo montaña he aprendido muchas cosas. Que el esfuerzo es lo que te hace valorar lo que consigues. Que estar motivado es muy importante para seguir adelante. Que ser previsor te permite salir airoso de situaciones difíciles. Y de lo necesario que es percibir la belleza que te rodea para vivir intensamente y con sentido. La montaña es maestra de vida. Uno no sabe de lo que es capaz hasta que vive una situación extrema. Por mi parte y mientras pueda, saldré a su encuentro para aprender nuevas lecciones.

LA LECTURA, ALIMENTO VITAL

10 febrero, 2014

 

Sin duda alguna, una de las mejores cosas que me han sucedido en la vida ha sido aprender a leer. A día de hoy puedo decir orgulloso que la actividad de la lectura es un hábito en mi rutina diaria. Y que me supone una fuente de satisfacción y bienestar personal.

Podría contarles cómo el hábito de la lectura favorece la concentración, el desarrollo emocional, las relaciones sociales, el desarrollo de la imaginación o que, incluso, es un indicativo de éxito profesional. ¡Pero no lo voy a hacer! Hoy quiero contarles el importante papel de la lectura en el ámbito de las enfermedades neurodegenerativas, el estrés y la capacidad oratoria.

Leer habitualmente previene de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o el Parkinson. Esto es así porque mientras leemos con atención, en nuestro cerebro se desencadena un complejo proceso. ¿En qué consiste este proceso? Se produce el reconocimiento de la forma de las letras, la inferencia  del significado de las palabras, la ordenación de las ideas, la interrelación de conceptos, la activación de la memoria y la imaginación… Cosa que implica a diferentes áreas del cerebro y el establecer millones de conexiones neuronales. Todo esto permite que  acumulemos capacidad intelectual. A esta acumulación de capacidad intelectual los neurólogos la llaman reserva cognitiva.

¿Qué ocurre cuando alguien que ha leído habitualmente, padece una enfermedad neurodegenerativa? Pues que su cerebro cuenta con el recurso de poder compensar. ¿Qué significa esto? Quiere decir que su cerebro es capaz de poner en funcionamiento otra área distinta a la dañada para llevar a cabo la misma función. ¡Impresionante!, ¿no creen?

Leer, además, es una actividad que reduce el estrés. Esto es así porque requiere que focalicemos nuestra atención. Además, y por regla general, leemos en silencio, en una posición cómoda y estática.  Un estudio del Laboratorio de la Mente de la Universidad de Sussex demostró que es más relajante que escuchar música… incluso más relajante que caminar. Para mí leer una novela, una obra de teatro, una biografía… es una especie de meditación. Una meditación con un beneficio extra. ¡Me aporta la experiencia de vida de sus protagonistas! ¿Cómo podemos potenciar el efecto desestresante de la lectura? ¡Practicándola antes de iros a dormir! Media hora antes. La Sociedad Española de Neurología califica la actividad de la lectura, antes de ir a dormir, como una buena rutina de higiene del sueño.

Otro beneficio de leer es que  mejora la competencia oradora de las personas. Recuerdo el impacto que me causó la primera vez que leí la frase del gran orador romano, Cicerón en la que afirma: “A hablar no se aprende hablando, se aprende leyendo”. Para Cicerón, el arte de un orador es directamente proporcional a la cantidad de lectura acumulada. Porque leer enriquece nuestro vocabulario y mejora nuestra sintaxis permitiéndonos desarrollar nuestras ideas de manera clara y rica en matices. Porque nos proporciona historias, conocimiento y un arsenal retórico que nos permite embellecer el desarrollo de nuestros argumentos. La lectura es la mina donde extraemos el material precioso que nos permite comunicarnos con eficacia, llegando a la inteligencia y al corazón de nuestro interlocutor o nuestra audiencia.

Lograr que la lectura se haya convertido en un placer es para mí un motivo de alegría. Y valoro mucho el que esta actividad no solo prevenga de enfermedades neurodegenerativas sino que además capacite al cerebro para compensar en caso de quedar dañado, tenga un efecto desestresante y  provea de recursos que me permiten ser un orador más que competente. De todo ello podemos disfrutar con tan solo media hora de lectura al día justo antes de irnos a dormir. ¡Navegando viento en popa y a toda vela por las historias de cualquier buen escritor! ¡Enriqueciéndonos con su arte! La lectura es un alimento que permite a nuestro cerebro poder disfrutar la vida en plenas facultades. ¡No desaprovechemos una oportunidad así!

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